Cuenta la leyenda…

Alegorías / Novela - RSC / Yùyán
Cuenta la leyenda…

 

“…Antes del amanecer del último día de meditación, una luz parpadeante comenzó a aproximarse a él y a pesar de su aprensión se dio cuenta de que se trataba de una prueba. Se relajó y superando su miedo, dejó que la luz de impactara entre sus ojos. Poco a poco fue perdiendo la consciencia y al despertarse vio millones y millones de burbujas de los colores del arco iris bailando seguidas de un rayo que contenía los siete colores. Finalmente, como si mirara una gran pantalla justo delante de sus ojos, vio dentro de una gran luz blanca en forma de destellos dorados la fórmula en sánscrito que había estudiado como si le dijera: – ¡Recuerda, recuerda! -”

Se dice que una alegoría procura dar una imagen a lo que no la tiene para poder ser comprendido por la mayoría. Dibuja lo abstracto, haciendo “visible” lo que solo es conceptual. Se dice que una mujer ciega con una balanza es alegoría de la justicia, y si le añadimos una espada la ejecutará, además, con firmeza. El creador de alegorías suele esforzarse en explicarlas para que todos puedan entenderlas.

Muchos todavía creen al pie de la letra la bucólica leyenda donde se explica que “el vigésimo primer día del ayuno de Usui en Monte Kurama una luz brillante penetró a través del centro de su frente. Primero vio los colores del arco iris, a continuación una luz brillante. Luego aparecieron los símbolos en oro.”

El mismo encontró en los escritos sobre su re-descubierto Sistema que “fue traído a la Tierra por dioses que tenían muchos brazos“, como el representado en Shiva.

Shiva

El símbolo y las alegorías como representación sensorial nos hablan de una forma introspectiva, llegando allí donde las palabras en la transmisión de una idea no llegan. Despiertan en el interior el concepto de la forma más pura. La simbología suele procurar la estimulación emocional de diferentes estados de percepción, dándonos claridad o “apertura” a lo que buscamos o deseamos. Es como aquello que de pronto nos viene a la mente, de aquella aparente lucidez que lejos de ser mágica viene dada por el estímulo de una imagen externa, aveces inapreciable, que nuestro cerebro ha asociado perfectamente y de forma sincronizada a lo que necesitábamos.

Inicio del Capítulo IV de la novela Yùyán

No nos quedemos observando al dedo que señala la Luna. Solo la niebla del aliento de un Dragón fiero turbará la visión de tu interior.

“Muqīn pensó que su niña era como una metáfora de esos tiempos cambiantes y sus emociones externas eran como una alegoría de las vibraciones que así como algunas veces armonizaban con los sucesos otras lo alteraban. Por eso la llamó Yùyán.” Capítulo I. Táoshēng. Huída.

 

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