Meditación si, pero no tan aprisa

Meditación
Meditación si, pero no tan aprisa

La meditación a menudo es concebida por los desconocedores como un terreno místico, hermético y al tiempo tentadoramente exótico y bucólico, por lo que podemos escuchar conversaciones alegres como: – He estado meditando sobre algo – o bien, – Después de la clase de Powersporting estuvimos haciendo “un poco de meditación” -. Quizás lo practicaran o quizás tan solo alcanzaron un estado de sosiego que no viene nada mal, pero de lo que estoy seguro es que si quien lo escucha conociera su raíz o significado más puro se sentiría mucho más cerca de cautivarse de sus beneficios. De ahí esta publicación.

Está de moda y es también tentador para los expertos en marketing etiquetar, en tiempos de prisas y angustias, con el concepto “zen” a cualquier método de relajación, aunque sea un servicio de peluquería de toda la vida y de la misma forma en que ocurrió en tiempos en que se puso de moda la palabra “bio”. ¡Pero estamos de suerte! Esta vez la sencillez juega de nuestro bando y todos podemos paladear este sabio método, enormemente eficaz y del cual no sabremos prescindir después de practicarlo, eso sí, de la única forma adecuada: con sinceridad.

No deben existir pretensiones ni dificultades o excusas; no debemos dejarnos desorientar por quienes digan que no podemos conseguirlo sin adoptar dificultosas posturas o sin ejecutar profundos mantras al tiempo que recorremos sinuosos caminos a lo largo de nuestros chacras energéticos. Todas estas técnicas son reales y altamente beneficiosas, pero a muchos los alejan de iniciarse de una forma más natural y no por ello menos beneficiosa, tan solo diferente y en armonía con su forma de actuar, digamos más tradicional. La meditación, sencillamente, está al alcance de todos porque va intrínseca en nuestro ser, tan solo debemos re-descubrirnos, y es más sencillo de lo que parece. Eso sí, métodos los hay; algunos muy conocidos por ser la esencia originaria y de práctica habitual en la rutina de adeptos que continúan la búsqueda con mayor experiencia. Pero insisto en que no es nuestro caso hoy.

Querer

La maravillosa meditación que se nos ofrece tiene un significado más sencillo, aunque radica en ella un trabajo inicial que no debería ser más dificultoso que lanzarnos a una piscina de agua fría. Debemos querer, con toda la humildad posible, ser conscientes de que estamos perdidos, para que un ego mucho mayor al que sostiene nuestras emociones angustiosas pueda ser observador objetivo de esta actividad mental. El primer paso es reconocer que somos presa de un estado mental caótico, si no es así, la meditación de la que hablo aquí no te interesa.

A pesar de lo que nos sugiera el ego pequeñito, el agitado y vanidoso, nuestra mente dispone de toda la información y sucesos de una forma aparentemente ordenada, pero las emociones más vívidas no dejan de estar latentes en la superficie de nuestra conciencia, de esa forma cualquier problema o situación en la que debamos centrarnos se verá alterada por un suceso que nos ocurrió anteriormente y que ineludiblemente suele ir acompañado de muchísimos más, desde que nacimos. Una parábola oriental hace alusión a este hecho de una forma muy clara cuando asemeja el estado de nuestra mente con el de un recipiente con agua y barro que al estar en continuo movimiento enturbia la superficie con el lodo, y al mantenerlo en reposo éste se deposita en el fondo ofreciéndonos el agua clara. Esa es la clave: la calma. Además, según aquella metáfora, el lodo reposado procura además que la semilla de la flor de loto pueda enraizarse y fructificar.

Hagamos así una buena lectura de aquellos mensajes que nos alientan a aprovechar la vida, a no dejarnos nada por hacer y a vivir el momento, quedémonos sobre todo con la última frase y vivamos ese momento, pues corremos el riesgo de que al hacer tantas cosas y con tanta obcecación no vivamos justamente ese momento, porque vivir es ser conscientes, sencillamente. De qué nos sirve que nos ocurran 2000 sucesos extremadamente rápidos cuando lo que importa es que vivamos con conciencia, aunque solamente sea uno de ellos y extraigamos de él toda la lectura que nos ofrece. Tras una práctica adecuada de meditación, un suceso tan solo, incluso si es tan sencillo como observar una planta, nos parecerá vertiginosa y maravillosamente importante.

Como decía anteriormente se trata de determinación y humildad, de querer realmente y lanzarse a esa hipotética piscina. Empezar reconociendo la necesidad de auto-observarte ya tiene su trabajo, por lo que no debemos pretender conseguir en los inicios alcanzar el Nirvana, sino observarnos, analizar nuestro momento con la auto-crítica de nuestro Sabio interior, de nadie más.

Cómo

El significado más adecuado que encontré jamás sobre el concepto de meditación es “sentarse en paz”, por lo que la postura a adoptar ha de ser la más cómoda, pudiendo ser tumbados, sentados o en pie, evitando obviamente cruzar cualquier miembro, manteniendo la columna vertebral erguida y entrecerrando los ojos para concentrar nuestros pensamientos tanto en el exterior como en el interior. Existen métodos también muy sencillos y eficaces al tiempo que caminamos, o escuchamos música e incluso observando un cuadro (o Mandala) y en los que me extenderé en próximos artículos. A partir de aquí, nuestro trabajo empieza tal y como dije, por reconocer a nuestros egos y procurar mantener en reposo el lodo que embarra nuestra superficie mental. Para ello, una técnica infalible tras varias prácticas es el reconocimiento de la respiración.

Los orientales nos ofrecen una preciosa narración donde el paralelismo de nuestra práctica a la de una montaña con nubes nos ayuda a comprenderlo con facilidad: Nuestro enraizamiento o postura adecuada debe ser como el de una montaña y nuestros pensamientos los de unas nubes borrascosas a las que debemos escampar mediante el viento de nuestra respiración. Esto lo vemos claramente en la metáfora de la influencia del Trigrama Xun, la transmisión del Viento, sobre Gen, la sabia quietud de la Montaña en nuestro Curso de Feng Shui.

En la respiración radica la base para que nuestros pensamientos tal y como aparezcan reposen en el fondo. Nuestra intención y concentración debe dirigirse hacia nuestra respiración, debiendo hacerla de forma natural al inspirar y lentamente al espirar, concentrándola en el abdomen a modo de respiración diafragmática. Una técnica para expulsar el aire lentamente es realizar una inaudible “h” aspirada, con el fin de obstaculizar el paso del aire que sale, de esa forma, lentamente. Es útil al inicio contar estas respiraciones, por ejemplo en sentido descendente de 10 a 1, lo que nos ayudará a no distraer nuestra atención sobre los numerosos pensamientos que nos invaden y si es así, ser conscientes de cuándo ha ocurrido esto y volver de nuevo a la cuenta.

Una vez sosegada nuestra mente y tras un periodo de práctica adecuado, procederemos a la meditación. Un tema o suceso sobre el que extraer una conclusión no contaminada, o una interesante técnica de introspección arquetípica que nos de claridad en el Camino de nuestra evolución, las posibilidades y beneficios de la meditación son enormes y tan solo tú tienes la respuesta sobre lo cierto de estas consideraciones.

Esto tan solo es el inicio, sin mayores pretensiones tal y como avisaba al inicio. Tan solo con esta sencilla práctica, en nuestro dormitorio, en el estudio, trabajo o incluso en el autobús, quedaremos sorprendidos de ver cómo vamos alterando favorablemente nuestro estado de conciencia y lo útil que nos puede resultar. A partir de aquí y tras establecer este primer contacto, quien busca encuentra, y en este mismo blog continuaré exponiendo más técnicas que pueden guiarte a establecer ese anhelado contacto contigo mismo. Es el inicio.

La verdad está muy cerca, el verdadero tesoro se encuentra muy cerca, ni es complicado ni está lejos… ¿Somos incapaces de verlo? El Sutra del Loto

 

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