ChiKung y las Danzas Alquimistas.

ChiKung
ChiKung y las Danzas Alquimistas.

 

Algunos lo datan en unos 4000 años, aunque su práctica bien podría remontarse al instante en que un ser comenzó a respirar tomando conciencia de ello. El ChiKung o QiGong (según la transcripción fonética utilizada) adquiere un significado más allá del literal, donde el trabajo es realizado con aquella Energía que tan alegre pero desconocidamente pronunciamos en Occidente: el Chi o Qi, o lo que denominaríamos poética pero metafóricamente más acertado como ‘vapor que se eleva al hervir el agua de arroz’.

Muy antiguamente y con la intención de regular esta esencia presente en todo y en todos nosotros, danzaban y respiraban al compás para armonizarse con los ciclos del Cielo y la Tierra, en similitud a la danza giratoria realizada por los místicos sufís (observemos la similitud en el QiGong de los Cinco Ritos Tibetanos) o las Danzas orientales en sus versiones más puras y místicas, donde conectaban con el ser interior a través del movimiento – forma es vacío, vacío es forma. Siempre se ha tratado de una meditación que alienta nuevos estados de conciencia permitiendo ‘abrir la puerta entre lo físico y lo espiritual’. Se decía que con ello entendían los secretos de la energía de la Luna, la Tierra y la órbita de estos alrededor del Sol. Mediante estos ejercicios armónicos obtendremos beneficio tanto a nivel físico, mental y emocional como espiritual, facilitando el flujo de la energía o Qi al dirigirla donde se considere necesario.

El ChiKung podríamos clasificarlo según el modo en que realicemos las secuencias, pudiendo ser Estático al realizarlo de pie (Zhan Zhuang o Postura del Árbol) o sentados (versiones de Ba Duan Jin o Las Ocho Joyas de Seda) o bien Dinámico, donde existen ejercicios con mayor mobilidad e incluso desplazamientos, como los apreciados en fascinantes versiones del Juego de los Cinco Animales o Wu Qin Xi, incluso donde muchos sitúan al propio TaiJi. Se observa, en ocasiones con absoluta claridad y a pesar de defensores de la individualidad y hermetismo de esta disciplina, influencias de diferentes filosofías y tradiciones culturales que antaño se cruzaron, posibilitando el enriquecimiento de su esencia, tanto en la práctica como en la reflexión arquetípica sobre los elementos tratados en cada posición o movimiento.

Para los que prefieren levantar un muro entre la práctica del TaiJi Quan y el QiGong, es importante considerar que la práctica del primero necesita ineludiblemente del otro para progresar y ambos, bajo los auspicios del I Ching y la Medicina Tradicional China, son complementarios, descubriéndonos un estratégico y ancestral método que hoy escenifica las manifestaciones del Universo, de la Naturaleza, para equilibrar y beneficiar nuestra salud física, emocional y espiritual, acercándonos a vivenciar de la mano del pensamiento taoísta una singular auto-observación de nuestra conciencia.

Bien al mediodía o medianoche, o por la mañana al salir el Sol cuando el Qi de nuestro cuerpo reposa, (como nos recuerda aquella metáfora budista sobre el poso de barro en el fondo de una tinaja de agua nítida y en calma) un buen momento para practicar QiGong bien podría ser tras despertar, cuando el mono alocado de nuestros pensamientos todavía se encuentra en paz. A partir de ahí, durante 10, 30 o 40 minutos, o bien una hora no habremos más que iniciado la práctica, puesto que lejos de abandonar su esencia al finalizar los ejercicios, este Arte es además una forma de cultivo personal, una nueva perspectiva y toma de conciencia sobre nuestra posición real en el Universo.

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